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jueves, 28 de marzo de 2024

Las fotos del libro de la navegación a Londres.

Hola navegantes. 

 En abril saldrá el libro de la navegación a Londres, "Me acostumbré al cenizo". Como en los anteriores, las fotos de cada capítulo (en este caso, más de 300) estarán colgadas en este blog, en la columna derecha, donde dice Para ver las fotos de "Me acostumbré al cenizo", clic aquí

 

 Se pueden ver de dos formas. Leyendo el libro, cada vez que un detalle vaya acompañado de una foto, estará escrito en negrita. Así se ven de una en una. La otra forma es verlas todas juntas al terminar cada capítulo. Lo hacemos así para poder poner más fotos y no encarecer el libro. Aprovecho para recordaros que los demás libros tienen el mismo sistema de ver las fotos, porque a veces me preguntan que por qué no incluyo fotos en ellos.

 Las fotos ya están accesibles por si queréis ir haciéndoos una idea de lo que fue el viaje, de los capítulos y del contenido del libro.

Presentaré el libro en la librería Robinsón, de Madrid, a primeros de mayo y ya os lo concretaré.

 Con cuidado, navegantes.

jueves, 21 de marzo de 2024

Llegó el día mundial.

Hola navegantes. 

 Finalmente llegó el día  mundial de la poesía,  pero me ha pillado muy ocupado. Toda la mañana con la instalación del compás nuevo, y ha hecho un día tan bonito en Santander que no hemos podido resistirnos a dedicar la tarde a navegar. El cielo despejado, una temperatura intermedia, y un vientecito del Norte al Nordeste apenas suficiente para llenar el mar de acentos cincunflejos. ¡Qué más pedir para inaugurar la primavera!. Y de paso a revisar toda la jarcia móvil del Corto Maltés, porque al desarbolar se descontrola todo, luego lo instalamos con el barco parado, en el pantalán, y hay que volver a regularlo navegando. Eso sí, con tantas pruebas con la cabullería, los rizos, la tensión de los obenques, las vueltas del enrollador del génova en su tambor... nuestro rumbo se parecía a una gallina escarbando. Menos mal que no nos vio nadie.

Por eso no me ha dado tiempo a celebrarlo con algo original, y me limito a reproducir el dibupoema de uno de los más bonitos poemas de amor de la  historia, que ya publiqué en 2020. Se trata de "Me gustas cuando callas", de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (más conocido como Pablo Neruda). Las estrofas en rojo son las que luego construyen el dibupoema (en el móvil, leerlo con la pantalla horizontal):


Me gustas cuando callas.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


Y ahora el dibupoema (clic encima para verlo mejor):
 



Y aquí podéis escucharlo en una bonita voz:

Clic aquí
 

Me han dicho que algunas mujeres interpretan esta poesía como machista, como si Neruda hubiera querido decir "me gusta que estés callada". Yo no soy crítico literario pero lo veo de otra manera: lo que le inspira y le sugiere la simple imagen de la mujer que quiere, igual que puede inspirarle un paisaje o un mar sin nada de viento, cuando la naturaleza parece averiada, que también están callados. Está describiendo un momento concreto de una mujer, no su vida entera, aunque es solo una opinión y puedo estar equivocado.

 En la columna derecha del blog podéis descargar gratis un libro de dibupoemas, y regalarlo para celebrar este día.

 Con cuidado, navegantes.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Reparando los daños de Londres.

Hola navegantes. 

 Ya os he comentado que las más de 2.000 millas que nos hacemos en el Corto  Maltés cada verano equivalen a lo que se hace un aficionado normal en muchos años. Esto hace que el deterioro  normal de los elementos del barco se nos junte en poco tiempo.

En la navegación a Londres lo peor fue la rotura de tres poleas de la jarcia (la de la driza de la mayor, la de la driza del espí y la del pajarín en la botavara) la holgura de la cruceta de babor, y un desgarro en la vela mayor y desgaste de las fundas de los sables donde rozaban con los obenques en las empopadas. Las poleas de la mayor y del pajarín pudimos sustituirlas durante el viaje cuando el palo estuvo tumbado, la del espí no, porque había que desarmar una pieza del interior del palo, e hicimos una reparación provisional que no funcionó y tuvimos que quitar su driza. La holgura de la cruceta la resolvimos con una reparación provisional (remaches con una masilla monocomponente de poliuretano, que en  teoría dura 50 años). Y el desgarrón de la mayor y el desgaste de las fundas de los sables los resolvimos también de forma provisional con cinta adhesiva de velería.

Ahora, saliendo ya del invierno, hemos podido por fin resolverlo todo. Hemos tardado tanto porque había que volver a tumbar el palo y para las navegaciones de la bahía me fiaba de las reparaciones provisionales, y  no solemos utilizar el espí porque los recorridos son cortos. 

La polea del espí hemos podido sustituirla sin problemas, para lo que tuvimos que sacar del palo la pieza de aluminio que incluye tres poleas (yo sólo utilizo dos, una para la driza del génova y otra para la del espí). Así estaba la polea del espí:


Esta es la pieza que hubo que sacar, quitar el remache hueco que hace de eje de la polea, volver a ponerlo con la polea nueva y volver a remacharlo en el palo:



 La cruceta de babor teníamos pensado reforzarla cambiando los remaches de su base, que habían cogido holgura y no nos había convencido mucho la fijación con poliuretano. Además se habían hecho muy grandes los agujeros, y los remaches estándar quedaban holgados.Teníamos pensado sustituirlos por remaches en flor o en trébol, que sirven para agujeros más grandes:

 


 o por tuercas remachables, que por cierto pueden instalarse sin remachadora, simplemente aplastándolas con otro tornillo:

 

 

o pasando una varilla roscada de lado a lado del palo, sujetando a la vez la base de la cruceta de babor y la de estribor. Pero nos hemos encontrado la sorpresa de que estaban duros como el primer día, y que para cambiar los remaches o pasar la varilla tendríamos que haber hecho un estropicio en un  material que ya está debilitado por los 35 años de vejera del barco. Aplicando el refrán "lo que funciona no lo arregles" hemos decidido dejarlo como está. En la próxima navegación llevaré a bordo todo lo necesario para una reparación, que ahora ya tengo estudiada, y si vuelve a dar signos de flojera lo repararé cuando baje el palo en el Canal de Midi.

Los desgarros de la vela mayor me los ha recosido Ángel, de la Velería Nordeste, del que ya me he hecho amigo después de que me ha ayudado varias veces con sus consejos cuando le he llamado desde el extranjero, agobiado con algún problema de las velas, como cuando se nos desgarró el espí en la vuelta a Italia. Aparte de coser el desgarro y reforzar las fundas de los sables donde rozan, me ha instalado los catavientos de la mayor, que de tanto navegar con la meteorología metida en el absolutismo habían volado:

 



Además hemos cambiado la driza del espí, que por supuesto, después de haber estado trabajando a través de la polea de la primera foto, estaba totalmente desgastada.

Además, este invierno se nos rompió el compás y vertió su líquido oloroso dentro de la cabina. Ya había sufrido varias reparaciones anteriores y lo estamos cambiando por uno nuevo. Y finalmente, hemos renovado el sikaflex del metacrilato de proa, que con los temporales de este invierno reveló una gotera. En fin, las cosas que hacemos los navegantes para soportar la invernitis crónica esperando que se nos cure soñando con el siguiente verano.

 Con cuidado, navegantes.

lunes, 18 de marzo de 2024

Día mundial de la poesía el jueves.

Hola navegantes. 

 El jueves 21 se celebra el día mundial de la poesía. Espero que nadie pida mi ametrallamiento por lo que voy a decir, pero es un género literario en plena crisis en esta época del lenguaje de los emoticonos, los like y las abreviaturas, los textos planos carentes de detalles donde cuenta más lo que se aparenta que lo que se siente, y la simplificación patológica de las ideas. A los que todavía la apreciáis os dedico este dibupoema al personaje que está llenando tantos años de mi vida (en el móvil se leen mejor las estrofas con la pantalla horizontal):

 A MI BARCO.

Hay algunos que dicen que no amas a un barco
si no consigues verlo como a otro ser vivo.
Yo no soy metafísico y lo digo más parco:
soy feliz despeinado y con la barba de chivo
en el Corto Maltés camino al desembarco,
despacio por el mar como por un negativo.

   Soy feliz cuando llego sobre la mar tendida
a un puerto extranjero del que nada conozco,
sabiendo que me espera lo bueno de la vida:
lugares, experiencias, alguien que nos convida,
gente dura del mar en quien me reconozco…
lo que mantiene a raya a La Cariacontecida.

   Y feliz cuando luego el sol de madrugada,
como una gigantesca naranja partida,
ve salir a mi barco entre los espigones,
y navego en la calma o en la turbonada,
comiendo mal y poco entre los chaparrones
o echando una siestecita al sol bien merecida.

   Y feliz cuando un atardecer inesperado,
por  no llegar a puerto, me quedo fondeado
bajo un cielo nocturno que parece un brasero,
y siento extinguirse la brisa convaleciente,
y veo acostarse el sol despacio por poniente
cogido de los dedos de la chica que quiero.

   Muchos de los momentos felices de mi historia
los he pasado dentro de su piel de resina:
jornadas luminosas, cielos de cartulina,
noches negras buscando una luz giratoria,
y hasta los ojos de Ana tras la Biodramina,
esa tierna mirada sin escapatoria.

   ¿Cómo no voy a querer a mi Corto Maltés?.
Él hará inmortales estas cosas antes o después.
 
 Y aquí el dibupoema (clic encina para verlo mejor):



 En la columna derecha del blog podéis obtener tres libros de dibupoemas, uno de ellos de descarga gratuita y otro para contribuir a la lucha contra el cáncer infantil. Además, durante esta semana, a quien me pida cualquiera de mis libros (al correo electrónico alvarogaledo@gmail.com) le regalaré uno de dibupoemas.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 15 de marzo de 2024

Preguntas para Serge Testa.

Hola navegantes. 

 Os confirmo que la entrevista a Serge Teste la realizará Edu Araujo en Santander, el 22 de abril a bordo del Corto Maltés. Este personaje es quien tiene desde los años 80 el récord de la vuelta al mundo en el velero más pequeño, concretamente de 3,6 metros de eslora y con un fueraborda de 4 CV. Os lo conté aquí:

Clic aquí.

Y aquí el recorrido que realizó durante 3 años en semejante barquito:


Antes de ese viaje imposible su experiencia oceánica se resumía en la visión de las olas desde los acantilados de Australia, y su propia familia y sus amigos creían que la idea era suicidiaria. El barco lo diseñó y lo construyó él  mismo en aluminio para estar seguro de que era autoadrizable, insumergible (con 6 compartimentos estancos) y duro como un carro de asalto. Y finalmente lo logró. Otro al que puede aplicársele la famosa frase de Einstein: "como no sabía que era imposible, lo hice".

Para que todos podamos aprovechar mejor esta ocasión única, os propongo que planteéis aquí abajo, en los comentarios, las preguntas que os gustaría hacerle y yo se las transmitiré en la entrevista.

Por cierto, aunque su libro está agotado, se puede conseguir de segunda mano en Internet.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 13 de marzo de 2024

Balizamiento no apto para daltónicos.

Hola navegantes. 

 Las calles de las ciudades están  numeradas, desde el centro hacia la periferia, con los portales pares a la derecha y los impares a la izquierda y en sentido creciente. En  la náutica es al revés: desde el centro del puerto hacia alta mar veremos las boyas pares a la derecha y las impares a la izquierda, pero en sentido decreciente. La razón está en que lo difícil para un barco es entrar al puerto, no salir, y sobre todo si es desconocido como los que nos encontramos nosotros al navegar fuera del Cantábrico. La salida es más fácil porque ya conocemos el trayecto de cuando entramos, y además solemos salir de día por la mañana, mientras que las arribadas las hacemos al atardecer o de noche, y desconociendo todo. De esta manera, al acercarnos a un puerto desconocido buscamos las boyas 1 o 2, y a partir de ellas seguimos la numeración creciente que nos lleva al interior del puerto, dejando las pares a la izquierda (las rojas por babor) y las impares a la derecha (las verdes por estribor). 

Por alguna razón que desconozco, clásicamente se pintaron las boyas pares de rojo y las impares de verde, a la vez que las luces de posición de los barcos se establecieron en rojas a babor y verdes a estribor. Intuitivamente era lógico, para que al entrar a un puerto de noche coincidiera la luz del barco con la de la boya y fuera más fácil entrar. Lo que no sé es cómo se eligieron esos dos colores y no otros, pero a los daltónicos les hicieron la pascua, porque esa simple elección cerró las puertas de las profesiones náuticas al 8% de los varones.

Como en algunas condiciones meteorológicas, como la niebla, el crepúsculo, o cuando el sol está bajo en el horizonte tras la boya, los colores se distinguen mal, se decidió acompañar cada color de una marca geométrica en la parte superior de la boya: un rectángulo en las rojas y un cono en las verdes:


 Muchísimas veces la decisión de si la boya que estás viendo es verde o roja la tomamos por la forma de su marca, más que porque estemos distinguiendo su color. Por la noche las marcas no se ven, y tienes que fiarte sólo de su luz: lógicamente las verdes tienen la luz verde y las rojas, roja.

Lo que os he dicho es para el balizamiento en España. Porque aunque os parezca mentira, igual que hay países en los que se conduce por la izquierda o por la derecha, hay países (casi medio mundo, una originalidad americana) en que el balizamiento es al revés: entrando en el puerto las rojas a la derecha y las verdes a la izquierda. Entonces el mundo está dividido en dos zonas de balizamiento: la zona A que baliza como nosotros e incluye Europa, Asia, Oceanía y Groenlandia, y la zona B que baliza al revés, e incluye América:


 Para complicarlo aún más, hay tres países, Japón, Filipinas y Corea, que estando dentro de la zona A balizan como la zona B. No quiero ni pensar el lío de los capitanes que navegan por allí, teniendo que cambiar el chip mental según el país en el que entran. Que yo sepa, la Antártida no está todavía balizada y no sé si se ha decidido ya en cuál de las dos zonas estará incluida. Si alguien lo sabe que lo comparta.

Porque, en efecto, el cambio de zona de balizamiento supone una adaptación similar a la de pasar de conducir por la derecha a hacerlo por la izquierda. El caso típico es el de los navegantes que cruzan el Atlántico. Después de navegar toda su vida en Europa y tener los reflejos condicionados a nuestro balizamiento, se pasan 3 ó 4 semanas cabalgando sobre el mar de fondo elástico de los alisios sin ver puertos ni balizas, y llegan nerviosos de emoción a un puerto desconocido del Caribe que está balizado al revés. Es bastante frecuente que intenten entrar dejando las boyas rojas por babor cuando deberían dejarlas por estribor, y terminen varando fuera del canal. Lo vimos en Martinica en nuestra travesía desde Barbate en 2006.

Como bromita para recordar las cosas, en el puerto de St. Katharine, donde nos quedamos con el Corto Maltés cuando llegamos a Londres, vendían unos calcetines con los colores de balizamiento que podías colocarte indistintamente en cada pie. Navegando por Europa el calcetín verde en el pie derecho (y también en Inglaterra, porque aunque conducen al revés, en la náutica se han adaptado al balizamiento europeo) y si vas al Caribe, el verde en el pie izquierdo. Si navegando te surge alguna duda, sólo tienes que remangarte el pantalón para ver la chuleta y saber qué balizas tienes que dejar por cada lado del barco.


 

 Y también puedes recurrir al viejo truco de las chuletas en la mano:

 Todo sea por evitar una varada. Con cuidado, navegantes.